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El paciente mayor con cáncer, un reto médico

Fátima Brañas, Mónica Ballesteros, Cristina González y Santiago Ruiz.

El paciente mayor con cáncer supone un reto para los especialistas encargados de su atención. Así se deduce del primero de los coloquios del XIX Congreso de la Sociedad Madrileña de Geriatría y Gerontología (SMGG), moderado por la geriatra Fátima Brañas, del Hospital Universitario Infanta Leonor. En él se ha analizado el papel de la valoración geriátrica integral como herramienta de toma de decisiones.

“No sabemos valorar a estos pacientes, lo hacemos por la experiencia”, ha reconocido Mónica Ballesteros, hematóloga del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, quien ha recordado que la mayoría de los ensayos clínicos se realizan con pacientes jóvenes; los nuevos fármacos, ha matizado, sí están teniendo en cuenta a esta población.

“Necesitamos el apoyo de las sociedades para que nos ayuden a defender a estos pacientes”, ha reclamado la especialista, de acuerdo con la cual todavía existen reticencias a la hora de prescribir un tratamiento activo a un paciente mayor con cáncer, sobre todo en el caso de las últimas terapias, cuyo precio es elevado.

“Se tiene que impregnar en la sociedad la idea de que estos pacientes pueden recibir esos tratamientos. El precio no tiene que ser una limitación”, ha incidido.

“No se puede negar un tratamiento oncológico activo únicamente por la edad, ni tampoco sobretratar a un paciente que a lo mejor no es tan mayor, pero tiene fragilidad”, ha añadido, en ese sentido, la geriatra del Hospital Universitario Rey Juan Carlos Cristina González, para quien la valoración geriátrica integral es “lo que más ayuda a discriminar” los pacientes mayores con cáncer susceptibles de recibir terapias activas.

“Cuanto más objetiva sea la valoración, mejor”, ha señalado la especialista, que ha explicado que esta técnica de valoración permite distinguir entre 3 categorías de pacientes:

  1. El robusto, que no tiene deficiencias y cuya expectativa de vida es aceptable, por lo que se beneficiaría de un tratamiento activo.
  2. El paciente con comorbilidad o dependencia elevada, para el que se recomienda un cuidado paliativo, puesto que el tratamiento podría ser peor que la enfermedad.
  3. El intermedio, que tiene deficiencias en algún área de las que se valoran, y que por lo tanto podría beneficiarse del tratamiento, pero no lo aceptaría tal cual.

Este, según los expertos, es el paciente mayor con cáncer más complicado de valorar, y el que suele dar lugar a más problemas. “Lo más importante es valorar la capacidad de tolerar ese tratamiento”, ha apuntado Santiago Ruiz, médico de la Residencia PPMM Colmenar, según el cual con la valoración geriátrica integral se evitarían “muchos frágiles que no lo son”.

Al respecto, González ha explicado que existe mucha confusión respecto a la fragilidad como consecuencia de las distintas escalas de evaluación del paciente mayor. “O estás perfecto, o te vas a la categoría de frágil”, ha agregado la geriatra, para la que existe una amplia escala de grises. “Antes de poner la etiqueta de frágil, hay que hacer una valoración estructurada y decirlo con criterios”, ha insistido la especialista, que ha recordado que la valoración debe realizarse en situación estable.

Por otro lado, en la mesa se ha puesto de relieve la necesidad de colaboración entre geriatras, oncólogos y hematólogos, con el fin de mejorar la atención del paciente mayor con cáncer. En esa línea, se ha valorado la posibilidad de que se instaure en un futuro la Gerioncología u Oncología geriátrica como especialidad. Asimismo, se ha mencionado el Grupo Español de Hematogeriatría de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia, del que forma parte Ballesteros.